viernes, 15 de junio de 2012

Aires helénicos




Como si la Victoria de Samotracia hubiera cobrado vida, Diane Kruger dejó boquiabierto a todo el auditorio de Cannes dando de paso,  por inaugurado, el festival de cine de esta conocida localidad francesa. Porque si de algo va a ser recordada la presente edición, será justamente por los estilismos con los que nos fue sorprendiendo día sí, y día también, esta actriz alemana que fue miembro del jurado. Creaciones de Versus, Calvin Klein, Jason Wu, Chanel, Nina Ricci, Vivienne Westwood o Christian Dior fueron lucidas por Diane con igual éxito. Pero sin ningún lugar a dudas, será el vestido de gasa de inspiración helénica diseñado por Giambattista Valli, la imagen que figurará para la posteridad.

En estos tiempos convulsos donde el futuro de la Unión Europea parece pender de un hilo y donde una Alemania fortalecida esta siendo determinante en el devenir de los vecinos pobres, dígase Grecia, resulta en parte paradójica la imagen de esta alemana universal vestida como una divinidad griega. Da que pensar que este neoliberalismo al que hemos estado abocados haya terminado demonizando a nuestros vecinos helenos, siendo su cultura e historia la cuna de los valores democráticos sobre los que se ha construido la idea de Occidente.

En términos de moda, la Revolución Francesa supuso un hito en el cambio de costumbres, especialmente en la indumentaria femenina, imponiendo la robe en chemise, que no era más que una idealización de la indumentaria clásica, como la vestimenta acorde a aquellos nuevos ideales revolucionarios. Las siluetas se estilizaron al máximo, elevando la cintura y marcando las curvas naturales del cuerpo femenino con ligeras muselinas y batistas. Todo muy “a la griega”

A principios del s.XX, Mariano Fortuny desde su taller veneciano, contribuía a una nueva liberación de la figura femenina, liberando a la mujer de los corsés decimonónicos gracias a la creación de su vestido Delphos formado por pliegues de seda que acariciaban la silueta de la mujer haciendo también su particular homenaje a la vestimenta de la Grecia clásica.

Unos años más tarde, Madame Grès, otra apasionada de la cultura clásica, se haría popular a mediados de los 30 gracias a sus vestidos drapeados en punto de seda vistiendo a sus modelos sin costuras como si fueran esculturas. Este estilo tendría una cierta continuidad en la era dorada de Hollywood a través de diseñadores de vestuario como Edith Head que obviamente echaban su mirada a las creaciones del viejo continente.

No resulta extraño, que la aparición de Diane Kruger envuelta en gasas llevara a más de uno a evidenciar su parecido con Grace Kelly luciendo los diseños de la Head en Atrapa a un ladrón (1955, Aldred Hitchcook) con una acción que se localizaba justamente en localidades de la Costa Azul. Cabe destacar, que también vestida de Giambattista Valli, Carlota Casiraghi hizo recordar a su abuela gracias a un espectacular vestido de gasa azul que lució en la cena previa a la boda de su tío Alberto. Y Nicole Kidman, otra de las presencias más esperadas en el pasado Festival de Cannes, también escogió un diseño de corte helénico firmado por Lanvin confirmando la costumbre de muchas otras celebridades que decidieron vestirse “a la griega” como Ateneas victoriosas, en invocación a los triunfos venideros.

La emperatriz Josefina. Pierre-Paul Proud'hon. 1805

Natasha Rambova vistiendo un "Delphos" de Fortuny. 1924

Exposición sobre Madame Grès en el Museo Bourdelle.





Carlota Casiraghi de Giambattista Valli. 2011

La princesa Letizia en la boda de Nicolás de Grecia.

Vistiendo un vintage de Fortuny

Elena Anaya de Lanvin. Goya 2012

Nicole Kidman de Lanvin. Cannes 2012

Natalie Portman de Lanvin. Oscar 2005

jueves, 19 de abril de 2012

Divertimentos

Meryl Streep como la baronesa Karen Blixen en Memorias de África (1985)
La película de Stephen Frears The Queen (2006) tiene una secuencia en la cual Isabel II, mientras pasea por sus propiedades en Balmoral, se cruza en el camino de un magnífico ejemplar de ciervo. Por unos segundos, ambos seres se observan detenidamente como comprendiendo de manera recíproca su razón de ser. Esta secuencia rodada con sutil elegancia, deja de ser críptica varios minutos después, cuando la monarca contempla, también en soledad, al mismo ciervo abatido en una cacería y constata que la  fragilidad de la existencia es igual para todos.
Esta escena me ha venido a la cabeza en estos días convulsos para nuestro Rey. Su episodio de caza en tierras lejanas ha provocado una crisis institucional sin precedentes llevando al monarca a lamentar y pedir disculpas públicamente por su poco celebrada afición. Una respuesta real que hubiera resultado inaudita en otros tiempos.
Como es sabido, desde tiempos feudales, la cinegética fue el principal entretenimiento en las cortes europeas. Especialmente durante aquellos periodos de paz cuando los reyes y señores feudales tenían que buscar una actividad alternativa a la guerra. Y en nuestro, caso tanto los Austria como los Borbones han demostrado reiteradamente su afición hacia la caza tan y como muestran numerosos retratos de la época.
Afortunadamente los tiempos cambian, y la voz del pueblo se vuelve cada vez más fuerte, provocando rectificaciones como esta última. Porque citando dos títulos de la cinematografía patria, el "arte de la caza" me lleva a pensar en títulos como Los santos inocentes y La escopeta nacional. Desafortunadamente, esta última noticia ha vuelto a dotar a nuestro país de una cierta aura berlanguiana que pensábamos haber superado.

Relieve representado al Faraón cazando en su carro

La cacería. Tapiz flamenco.

Cazadores en la nieve. Pieter Brueghel el viejo.

Felipe IV cazador, Velázquez

Carlos I de Inglaterra por Van-Dick

Luis XV cazando en el bosque de Saint Germain, Jean-Baptiste Oudry

Carlos III cazador. Francisco de Goya

Mr. and Mrs. Andrews Thomas Gainsborough

Carlos IV vestido de cazador. Francisco de Goya

La reina Victoria a caballo. Francis Grant

El kaiser Guillermo II en una batida de jabalíes.

Alfonso XIII de cacería.

Su graciosa majestad disfrutando de la caza del zorro.


La historia se repite

viernes, 6 de abril de 2012

Sonrisas que matan


 
Siempre me ha estremecido la sonrisa de Jessica Lange por ese aspecto quasi-licántropo que adquiere en cuanto asoma la dentadura. Su bello rostro se transmuta, y esta sonrisa junto a una mirada incisiva parecen estar diciendo "aléjate de aquí o te arranco la cabeza".
Esta actriz nacida en Minnesota tiene que soportar estoicamente que a día de hoy continúen recordándola como la compañera de Jack Nicholson en el remake  de El cartero siempre llama dos veces (1981). Sin embargo su trayectoria, un tanto desigual, yo la asocio a los personajes extremos de películas como Frances (1982) y Titus (1999) y los roles de inestables damas sureñas en Cuando me enamoro (1988) y Las cosas que nunca mueren (1994), por la que se llevaría su segundo Oscar.
Y ahora disfrutamos de su presencia en la serie American Horror Story en la que se mete en la piel de un personaje deliciosamente perverso que solamente ella podría encarnar. Creo que en estos tiempos en los que todo el mundo parece revisitar los cuentos de hadas, tan solo ella, y Barbara Hershey, hubieran sido las mejores candidatas  a meterse en la piel de la peor de las madrastras.

Imagen promocional de American Horror Story

Titus (Titus, 1999)

Cuando me enamoro (Everybody's All-American, 1988)

miércoles, 21 de marzo de 2012

Re-creaciones



Andaba yo por la sección de interiorismo de una conocida librería (no pienso hacerles publicidad) cuando me encuentro ante un libro titulado My Passion for Design firmado por la mismísima Barbra Streisand. El hecho es que semejante ejercicio de arte y ensayo me pareció de una megalomanía nada sorprendente, viniendo de quien viene. La señora de voz prodigiosa, comparte en esta edición a todo color, fotografías de su nueva residencia de California construida al “puro estilo americano”.
Como surgida de un capítulo de La casa de la pradera, la propiedad está formada por diversas construcciones que recrean desde la casita de la abuela al granero o el molino de agua. Todo este conjunto está rodeado por un pintoresco jardín con laguna artificial incluida y puente de piedra por donde la señora Streisand y su consorte, James Brolin (sí, el de la serie Hotel) disfrutan de los atardeceres californianos. En los bajos del la casa principal, se reproduce una main street americana donde uno puede entrar en diversas boutiques, con escaparate y todo, en las que te encuentras desde el cuarto de planchar de la chacha, la colección de vestidos de cine la señora, o una nada modesta sala de proyecciones.


El libro de la Streisand me hizo recordar el Petit Trianon de Versalles, donde la reina María Antonieta hizo construir en 1783 una bucólica aldea normanda constituida por once casitas que reproducían ámbitos denominados la Lechería de la Reina, el Molino, la casa de la Reina, el Billar, el Gabinete…Cuentan que, seguramente influenciada por las teorías de Rousseau,  la reina se vestía de campesina y salía a pastorear con un rebaño de ovejas para disfrutar de “la vida campestre”.
Volviendo al tema que me ocupa, podría entender que entre las élites hollywoodienses tales caprichos constructivos no son una gran novedad – recordemos la mansión de Hearst que corona alguna colina de L.A. Sin embargo me resulta terriblemente curioso este afán “recreacionista” que se va repitiendo en diversos entornos, incluso épocas, y que se aproxima de forma irremediable a lo que algunos han calificado como estética kitsch.

El Molino de la Reina en los jardines de Versalles (1783).

Falsas ruinas del castillo de Lówenburg (Kassel, 1793).

Gruta wagneriana del castillo de Neuchwanstein

Piscina greco-romana en la Mansión Hearst (Los Ángeles, 1919)

Calle de Fantasyland en Disneyland (Anaheim, LA)

Hotel The Venetian (Las Vegas)

Basílica de Nuestra Señora de la Paz (Costa de Marfil)

Urbanización de Tianucheng (Shanghai)

Pistas cubiertas de esquí (Dubai)

El Ocean Dome (Japón)



viernes, 27 de enero de 2012

In Memoriam

Eiko Ishioka (Tokyo, 1939-2012)


Esta mañana he despertado con la triste noticia del fallecimiento de Eiko Ishioka. Estoy seguro que todos los amantes del diseño habrán sentido especialmente la pérdida de esta artista japonesa que ya en vida se convirtió en un auténtico referente. Conocida por sus trabajos dentro del diseño gráfico, la dirección artística, la escenografía y el diseño de vestuario, se dio a conocer para el gran público por sus increíbles diseños para la película Drácula de Bram Stoker (1992) de Francis Ford Coppola por los que recibió un Oscar. Mantuvo una estrecha colaboración con el director de origen indio Tarsem Singh, diseñando el vestuario de todas sus películas. De hecho, en breve podremos disfrutar de su trabajo póstumo con el vestuario de la película Mirror, Mirror, una de las adaptaciones cinematográficas del cuento de Blancanieves que está por llegar.
Echaremos de menos los maravillosos vestidos-dragón y su peculiar sentido de la estética entre lo bestial y lo romántico.

Dirección artística para la película Mishima (Paul Schrader, 1985)

Faye Dunaway en la campaña publicitaria de Parco.

Diseño de vestuario de Cremaster 5 (Matthew Barney, 1997)

Figurín de Drácula, de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992)





Diseño de vestuario para The Cell (Tarsem Singh, 2000)

Concierto de Grace Jones.

Espectáculo de Le Circ du Soleil.

Diseño de vestuario para Teresa, el cuerpo de Cristo (Ray Loriga, 2007)


Diseño de vestuario de El sueño de Alexandria (Tarsem Singh, 2010)




Vestuario de Spiderman. The musical.

Vestuario de Inmortals (Tarsem Singh, 2011)

Su último trabajo, el vestuario de Mirror, Mirror (Tarsem Singh, 2012)