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jueves, 9 de diciembre de 2010

El retrato de mamá



He leído en la prensa que el príncipe Guillermo y Kate Middleton escogieron a Mario Testino como fotógrafo oficial en su pedida de mano. Y todo parece indicar que el fotógrafo se encargará también de la boda. La noticia no tiene nada sorprendente, conociendo el importante vínculo de amistad del fotógrafo peruano con la difunta princesa Diana y el interés de su hijo en tenerla presente en un momento tan significativo.

Ciertamente, Testino logró traspasar la frontera institucional de la princesa de Gales y consiguió que esta mostrara su faceta más personal y cercana. Diana en sus últimos retratos rezumaba frescura y encanto huyendo del aspecto de princesa melancólica al que nos tenía acostumbrados. De no haber sido por aquél fatídico accidente en el Pont de l’Alma, Mario Testino se hubiera convertido en el retratista oficial de la princesa, ya que solo él había conseguido reflejar la imagen de mujer renovada que ella quería transmitir.
Porque la voluntad del retratado es determinante a la hora de escoger a su retratista. Un buen ejemplo lo encontramos en la abuela y la bisabuela del novio. Estas mujeres, procedentes de otra época (y otro mundo), se inclinaron por Cecil Beaton como retratista oficial durante los primeros años de su reinado. Los retratos de Beaton, nos presentaban a una joven Isabel II y a la Reina madre con la pompa y los atributos monárquicos propios de la institución. No debemos olvidar, que Jorge IV accedió al trono de la forma más inesperada tras la renuncia de su hermano Eduardo VIII para casarse con la divorciada Wallis Simpson. Imagino que sería importante para aquella improvisada familia real que no fueran recibidos por el pueblo como unos advenedizos, por que hicieron uso de toda la maquinaria iconográfica para legitimizar el cargo que ostentaban.
Por su lado, la princesa Diana siempre fue consciente de su poder mediático. Se sabía en buenas manos haciéndose retratar por Mario Testino y evidentemente estas imágenes tendrían una difusión mucho mayor que si las hubiera hecho un fotógrafo anónimo. Muchas generaciones antes, a mediados del XIX, todas las cortes europeas reclamaron los servicios del artista alemán Franz Xaver Winterhalter (1805-1873). Considerado el “pintor de los príncipes”, sus retratos monumentales en un estilo neo-rococó hicieron las delicias de todos los monarcas. Conocidas en la época por su belleza, la emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo y la emperatriz de Austria, Isabel de Baviera figuraron entre sus clientas más solícitas. Los refinados retratos de Winterhalter detallaban con suma precisión la atmósfera de lujo y refinamiento que vivían las monarquías de entonces. Y obviamente sus mentoras posaban con las mejores galas. Otra testa coronada, consciente del poder de la imagen fue sin lugar a dudas la reina Maria Antonieta, quien depositó toda su confianza y simpatía en su retratista particular Élizabeth Vigée-Lebrun (1755-1842) ante el espanto del resto de académicos que no podían creer que una mujer pudiera merecer un reconocimiento tan importante.
Todo nos demuestra que gran parte de estas mujeres velaron con sumo cuidado la proyección de su propia imagen pensando probablemente en la posteridad. Lady Di murió joven y bella, y es bien seguro que su presencia marcará y ensombrecerá por mucho tiempo la figura de la pobre Kate Middelton, que por el momento ya ha tenido que aceptar sin rechistar que su anillo de compromiso sea el mismo que lució su antecesora y difunta futura suegra. En la corte de Mónaco encontramos un caso similar. El príncipe Alberto quien también profesaba una enorme admiración hacia su difunta madre ha tardado años en hallar la consorte adecuada. Superada la cincuentena, este soltero recalcitrante ha encontrado finalmente su princesa en una sirena sudafricana. Recuerdo que la primera vez que descubrí la foto oficial de compromiso, un escalofrío recorrió mi cuerpo. La rubia Charlene Wittstock enfundada en un vestido de gasa de Armani Privé emulaba la misma postura del famoso retrato de la princesa Grace que preside el salón del palacio monegasco. Y a su lado Alberto-Edipo sonriente, miraba a la cámara, orgulloso de haber logrado lo inalcanzable. En una asociación rocambolesca de ideas, aquél retrato de Grace, me llevó a pensar en Hitchcock, y cómo no, a la película Rebeca…
Por fortuna, y aún hablando de príncipes y princesas, la realidad no siempre tiene por qué superar la ficción. Confiemos que tanto Kate como Charlene no sufran un retorno a Manderley y logren encontrar su lugar.

Mario Testino. Guillermo y Kate. 2010

Mario Testino. La princesa Diana de Gales


Cecil Beaton. La reina madre Isabel de Windsor

Vigée-Lebrun. Maria Antonieta, reina de Francia

Winterhalter. Isabel de Baviera, emperatriz de Autria y Hungría

Ricardo Macarrón. Gracia de Mónaco

Foto oficial del compromiso del Príncipe Alberto con Charlene Wittstock

viernes, 3 de diciembre de 2010

La edad de la inocencia

Siempre me ha parecido que los retratados por Sargent se sabían triunfadores. Y no solo me refiero a los ilustres miembros de la Gran Bretaña post-victoriana. Mi apreciación se dirige especialmente a aquellos hijos aventajados de América que habiendo conseguido desvincularse de las cadenas imperialistas, posaban orgullosos y conscientes de su flamante devenir. Las afectadas damas de Nueva Inglaterra se hacían retratar con sus mejores galas en los elegantes salones de sus mansiones de la Quinta Avenida con Central Park. Las sedas, los tules, las gasas de sus vestidos, encargados en los talleres parisinos de Worth, brillaban como nunca en la paleta de este genial retratista. Unos y otros eran conscientes que sus imágenes llegarían a la posteridad como un símbolo del triunfo de aquella nueva sociedad que se estaba gestando en la postrimería del siglo XIX.

Sir Gerorge Sitwell y Lady Ida Sitwell con sus hijos. 1900
John Singer Sargent (1853-1925), había descubierto por mediación de su maestro, Carolus-Duran, la obra de Velázquez, que pudo conocer en sus viajes a Madrid. Inspirada en las pinturas del artista sevillano, la producción pictórica de Sargent refleja un dominio absoluto de la luz y las texturas a través de un  trazo vivaz resultado de la técnica del au premier coup tan valorada por su mentor. Sin embargo, lo que no encontramos, es la interiorización en el retratado tan característica de la obra velazqueña. Todo lo contrario, Sargent se convierte en un retratista cortesano que siguiendo la estela de Joshua Reynolds , Ingres o Winterhalter, se ocupa en corregir, idealizar e incluso sublimar la figura del cliente transitorio. Tendrían que ser sus contemporáneos Henry James y Edith Warton los que se afanarían en describir de forma mucho más realista la compleja psicología bajo la que se regía la alta burguesía de Nueva York.

En todo caso, la genialidad de este artista finisecular es incuestionable. Su obra, cada vez más valorada, se ha convertido en un referente para innumerables creadores. Empezando por la obra de Cecil Beaton, seguramente su heredero natural, y terminando por autores contemporáneos de la talla de Peter Lindbergh, Steven Meisel o David Seidner.


Lord Ribblesdale.1902

Ena y Betty, hijas de Mr. Asher y Mrs Wertheimer. 1901


Madame Paul Poirson. 1885

Las hermanas Wyndham, 1899

Cecil Beaton. Mrs. Whynham, Lady Cranborne y Lady Pratt. 1950

David Seidner. Las hermanas Miller. 1995

Mrs. Carl Meyer con sus hijos. 1896


David Seiner. Marie-Chantal Miller, princesa de Grecia. 1995

Madame X (Madame Gautreau). 1884

Steven Meisel. Nicole Kidman. 1999

Peter Lindberg. Julianne Moore. 2008

Lady Agnew de Lochnaw

Steven Meisel. Nicole Kidman. 1999

Mrs. Hammersley. 1893

Cecil Beaton. El abanico de Lady Windermere. (s/f)

Cecil Beaton. Diseños de Charles James. 1948